El vino, al contener alcohol, puede tener una imagen de bebida perjudicial para la salud, aunque lo cierto es que, si se consume con moderación, posee numerosos beneficios para nuestro organismo.
Contrariamente a lo que se piensa, el vino puede ayudar a funcionar al corazón y contribuir a una buena circulación sanguínea, al mismo tiempo que reduce la presencia de colesterol LDL (colesterol “malo”) en la sangre. El vino también contribuye a reducir algunos tipos de diabetes y contiene otros elementos antioxidantes.
Por otra parte, esta bebida incrementa el apetito y favorece el sueño y la relajación. No obstante, siempre conviene tomar menos de dos vasos diarios, ya que una cantidad mayor ya se considera un consumo excesivo, y ello conlleva diversos efectos negativos, entre ellos insomnio -o bien sueño y cansancio profundo- o una bajada de la líbido.
Jesú Rodríguez
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